24 sep. 2019

Amenazas de ciberseguridad a las que se exponen los coches autónomos

La llegada del vehículo autónomo, todavía en fase de estudio y perfeccionamiento, es unas de las innovaciones más comunes dentro de las ferias de automoción. Sin embargo, de momento, no se ha convertido en el gran protagonista de nuestras carreteras. Ante esta revolución, la industria automovilística apuesta de lleno por potenciar su desarrollo, apoyándose en el potencial de las nuevas tecnologías, lo que conlleva un impacto positivo en la seguridad y un nuevo reto en relación con la delincuencia cibernética.

Tal y como muestra la infografía bajo estas líneas, los órganos y sentidos del hombre serán "sustituidos" en estos automóviles por avanzadas tecnologías que, a decir de los más escépticos, aún tienen que demostrar su valía en la toma de decisiones clave, sobre todo en momentos críticos.
El hecho, como señala la agencia SINC, ante riesgo de accidente los programas informáticos de este tipo de vehículos toman decisiones que, por ejemplo, tienden a sacrificar a sus pasajeros si hay un riesgo de atropello de peatones.

Niveles de Autonomía

La autonomía no termina de convencer a los conductores, la Sociedad de Ingenieros de Automoción (SAE), impulsora en la creación de estándares para todo tipos de vehículos, establece seis niveles de autonomía de un vehículo: desde coches sin ningún tipo de sistema autónomo donde el conductor todavía lo tiene que hacer todo, hasta aquellos que circulan sin ninguna intervención humana.

Nivel 0: Ninguna autonomía

El conductor no cuenta con ninguna ayuda a la hora de conducir. Debe controlar la dirección del vehículo, acelerar y frenar, estar pendiente de la carretera, realizar las funciones dinámicas de conducción como la rápida respuesta a giros bruscos o la utilización de luces intermitentes, además de afrontar situaciones ocasionales como el tráfico o los semáforos, entre otros. Este el el caso de la mayoría de los vehículos que circulan en la actualidad.

Nivel 1: Asistencia al conductor

El vehículo acelera y frena por sí mismo utilizando información del entorno. El conductor estará a cargo del resto de dirección y tomará el control total del vehículo cuando haga falta. El piloto es siempre quien dirige el volante y deberá hacerse cargo de la aceleración y el frenado en determinadas escenarios (tráfico detenido, maniobras evasivas, entre otras).

Nivel 2: Autonomía parcial

El vehículo acelera, frena y controla la dirección por sí mismo utilizando información del entorno. El conductor estará a cargo del resto de actividades en el coche y tomará su control cuando haga falta.

Nivel 3: Autonomía condicional

El vehículo acelera, frena y controla la dirección por sí mismo utilizando información del entorno. El conductor solo intervendrá cuando el sistema de conducción autónoma se lo indique.

Nivel 4: Autonomía casi total

El vehículo acelera, frena y controla la dirección por sí mismo utilizando información del entorno, incluso en los casos de que el conductor no responda apropiadamente a una solicitud de intervención. El automóvil mantendrá los equipos necesarios para la conducción manual; volante, pedales y selector de cambios.

Nivel 5: Autonomía total

El vehículo es controlado todo el tiempo por el sistema de conducción autónoma, que acelera, frena y controla la dirección por sí mismo utilizando información del entorno. En este vehículo no hay conductor, solo pasajeros.

La variedad de sistemas operativos está aumentando su complejidad y conectividad, haciendo que sean más vulnerables a los ciberataques.

Aumento de automatización

TÜV SÜD calcula que, en el año 2030, 13 millones de vehículos estarán altamente automatizados y en 2040, 33 millones de coches autónomos se venderán en todo el mundo, mejorando así el flujo de tráfico y la seguridad. Aunque no todo son buenas noticias, el aumento de interfaces de comunicación vulnera la eficacia de estos vehículos, por lo que es primordial establecer una serie de medidas de ciberseguridad que muestren solidez. La compañía especializada en soluciones de estudia las múltiples posibilidades de mejorar la eficacia de estas tecnologías pioneras asociadas a los vehículos autónomos.
Su principal característica: controlar la conducción sin la orden o el manejo de una persona de forma segura. Aunque todos sus progresos se respaldan en la certidumbre de salvar más vidas en la carretera, la creciente variedad de softwares está aumentando su complejidad y conectividad, haciendo que sean más vulnerables a los ataques de los piratas informáticos. Según la Convención de Viena sobre circulación por carretera de 2014, el sistema automático del vehículo puede ser desconectado en el momento que el conductor lo requiera. La responsabilidad recae sobre el conductor en el instante en el que toma el mando del automóvil, pudiendo volver a conectarlo en cualquier momento.

A pesar de que este modelo de conducción elimina cualquier error humano que se pueda cometer durante la conducción, todo proceso informático puede padecer ataques o virus que manipulen las órdenes impuestas en el vehículo, provocando una situación de riesgo que no contempla posibilidades de retroceso. Además, los vehículos autónomos deberán convivir con los automóviles manejados por personas, lo cual pondrá en duda la culpabilidad en caso de choque o accidente.

Por todo ello, TÜV SÜD ha explicado durante la IAA 2019Conference todos los métodos de prueba que está desarrollando, desde el análisis de deficiencias y evaluación de ciberseguridad, hasta seguimiento continuo de riesgos y participación en proyectos globales. En primer lugar reclama la necesidad de asegurar todos los procedimientos, poniendo encima de la mesa los servicios que ofrecen y los conocimientos de los que disponen en el sector de la automoción. Las consecuencias de un ataque cibernético a un vehículo autónomo comienzan en el robo de datos personales o daños a la marca y terminan en un fallo en las funciones de la conducción, o un accidente que conlleve lesiones graves e incluso el fallecimiento del conductor.

Una de las principales novedades presentadas por TÜV SÜD es el llamado Digital Vehicle Scan (DVS), un escáner que en tan solo 20 segundos completa la evaluación óptica de la condición del vehículo. Las cámaras de 360 grados escanean el automóvil de principio a fin, incluido el estado de los neumáticos y la parte inferior del vehículo. La obtención de DVS es parte del proceso de digitalización que pone en marcha TÜV SÜD para confirmar la eficiencia de los procesos de peritación de daños y orientada a reducir los tiempos de puesta a la venta de los vehículos de remarketing.

Además, la certificadora lleva años liderando la digitalización de procesos. Algunos ejemplos de los recursos digitales que llevará a cabo en este campo son BlueNOW!, sistema para el visionado digital de vehículos en remoto y para la peritación previa a la devolución del vehículo; BlueButton, portal de administración de daños en línea que brinda a los clientes informes instantáneos de evaluación de daños; Photo Fairy, herramienta de imágenes para realizar fotografías profesionales de vehículos usados; y por último, el Blue Digital Index, una herramienta que mide la relevancia de un concesionario de automóviles en internet y ofrece recomendaciones para mejorar su servicio. Estos instrumentos permiten el control digital del registro de vehículos y acortar los tiempos de respuesta para los vehículos usados.

Fuente: ABC

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