Filipinas: Las niñas y la trampa del cibersexo
Por: Kate McGeown
Maricel es una chica tímida, atractiva, y aparenta menos edad que sus 15 años. Pero en su corta vida ya ha tenido que lidiar con experiencias que marcarían a muchos adultos.
Hace dos años, su tía le habló de un trabajo en la ciudad de Olongapo, a varias horas de distancia de su casa.
"Me dijo que iba a trabajar como empleada doméstica y niñera", explica Maricel. "Pero cuando llegué allí, me dijo que me disfrazara y me pusiera frente a la computadora".
Ella incluso me mostró cómo hacerlo. Así que no tuve más remedio que seguir sus instrucciones".
Maricel se había convertido en lo que se conoce aquí como "una chica de chat de cibersexo".
Su amiga Kim cayó muy pronto en la misma trampa, y trabajó junto a ella.
"Hacíamos un show frente a la cámara, usando una cámara web y un teléfono", dice Kim.
"Cuando los clientes nos pedían que les mostráramos nuestro cuerpo nos quitábamos la ropa. Si quedaban satisfechos con nuestro show, nos pedían otro más".
Redada
El cibersexo -o el chat sexualmente explícito a través de internet- es una industria creciente en muchas partes del mundo, y uno de los países donde el negocio está en auge es Filipinas.
Un comercio sexual ya establecido, sumado a los altos niveles de pobreza y una población que habla inglés básico, significa que hay oferta de niñas.
Ni la policía ni la Oficina Nacional de Investigaciones (NBI, por sus siglas en inglés) tienen estadísticas precisas, pero calculan que podría haber miles de chicas trabajando en los cuartos traseros y apartamentos pequeños que suelen albergar a los antros del cibersexo.
En Filipinas cualquier tipo de sexo por internet es calificado como pornografía y por tanto ilegal.
Pero lo que más les preocupa a las autoridades es el número de niñas que son víctimas de la trata en estos antros, muchas de los cuales -como Maricel y Kim- tienen menos de 18 años, la edad legal de consentimiento.
La difícil situación de estas niñas es una preocupación importante para Lesley Ermata, una oficial de policía que se especializa en asuntos de la mujer.
Ermata trabaja en la ciudad de Angeles, la que, como Olongapo, tiene una próspera industria del turismo sexual.
"Es uno de los principales problemas que enfrentamos aquí", me explica mientras nos metemos en el coche para ir a una pequeña casa de una sola planta, que queda a unos 10 minutos de la estación de policía.
El año pasado Ermata allanó el edificio con un grupo de colegas y encontraron allí seis niñas en varios grados de desnudez. La más joven tenía sólo 13 años.
Desde el exterior, no hay nada que sugiera que esta casa es diferente de todas las de su alrededor. Está en una concurrida calle suburbana, con una tienda en la esquina, y mucha gente pasa por allí todos los días.
La dueña del edificio, que también vive al lado, dice que no tenía la menor idea de que estaba siendo utilizado como sala de cibersexo. De hecho, asegura que nunca había conocido a ninguna de las seis chicas que allí trabajaban.
Si los vecinos realmente no saben lo que pasa, o si en realidad prefieren callar, es un tema de debate. Pero de cualquier manera, el hecho de que estas casas de cibersexo estén tan escondidas hace que sea muy difícil para la policía encontrarlas.
Ermata dice que su equipo depende casi totalmente de los informantes: las pocas chicas que escaparon y son lo suficientemente valientes como para hablar, y que también tengan suficientes pruebas como para que la policía pueda obtener una orden de registro.
"Hemos podido allanar esta casa porque hubo una informante que escapó. Ella tenía un teléfono móvil en el que había grabado en video a otras niñas cuando estaban online, de modo que había pruebas".
Fuente: BBC Mundo
Maricel es una chica tímida, atractiva, y aparenta menos edad que sus 15 años. Pero en su corta vida ya ha tenido que lidiar con experiencias que marcarían a muchos adultos.
Hace dos años, su tía le habló de un trabajo en la ciudad de Olongapo, a varias horas de distancia de su casa.
"Me dijo que iba a trabajar como empleada doméstica y niñera", explica Maricel. "Pero cuando llegué allí, me dijo que me disfrazara y me pusiera frente a la computadora".
Ella incluso me mostró cómo hacerlo. Así que no tuve más remedio que seguir sus instrucciones".
Maricel se había convertido en lo que se conoce aquí como "una chica de chat de cibersexo".
Su amiga Kim cayó muy pronto en la misma trampa, y trabajó junto a ella.
"Hacíamos un show frente a la cámara, usando una cámara web y un teléfono", dice Kim.
"Cuando los clientes nos pedían que les mostráramos nuestro cuerpo nos quitábamos la ropa. Si quedaban satisfechos con nuestro show, nos pedían otro más".
Redada
El cibersexo -o el chat sexualmente explícito a través de internet- es una industria creciente en muchas partes del mundo, y uno de los países donde el negocio está en auge es Filipinas.
Un comercio sexual ya establecido, sumado a los altos niveles de pobreza y una población que habla inglés básico, significa que hay oferta de niñas.
Ni la policía ni la Oficina Nacional de Investigaciones (NBI, por sus siglas en inglés) tienen estadísticas precisas, pero calculan que podría haber miles de chicas trabajando en los cuartos traseros y apartamentos pequeños que suelen albergar a los antros del cibersexo.
En Filipinas cualquier tipo de sexo por internet es calificado como pornografía y por tanto ilegal.
Pero lo que más les preocupa a las autoridades es el número de niñas que son víctimas de la trata en estos antros, muchas de los cuales -como Maricel y Kim- tienen menos de 18 años, la edad legal de consentimiento.
La difícil situación de estas niñas es una preocupación importante para Lesley Ermata, una oficial de policía que se especializa en asuntos de la mujer.
Ermata trabaja en la ciudad de Angeles, la que, como Olongapo, tiene una próspera industria del turismo sexual.
"Es uno de los principales problemas que enfrentamos aquí", me explica mientras nos metemos en el coche para ir a una pequeña casa de una sola planta, que queda a unos 10 minutos de la estación de policía.
El año pasado Ermata allanó el edificio con un grupo de colegas y encontraron allí seis niñas en varios grados de desnudez. La más joven tenía sólo 13 años.
Desde el exterior, no hay nada que sugiera que esta casa es diferente de todas las de su alrededor. Está en una concurrida calle suburbana, con una tienda en la esquina, y mucha gente pasa por allí todos los días.
La dueña del edificio, que también vive al lado, dice que no tenía la menor idea de que estaba siendo utilizado como sala de cibersexo. De hecho, asegura que nunca había conocido a ninguna de las seis chicas que allí trabajaban.
Si los vecinos realmente no saben lo que pasa, o si en realidad prefieren callar, es un tema de debate. Pero de cualquier manera, el hecho de que estas casas de cibersexo estén tan escondidas hace que sea muy difícil para la policía encontrarlas.
Ermata dice que su equipo depende casi totalmente de los informantes: las pocas chicas que escaparon y son lo suficientemente valientes como para hablar, y que también tengan suficientes pruebas como para que la policía pueda obtener una orden de registro.
"Hemos podido allanar esta casa porque hubo una informante que escapó. Ella tenía un teléfono móvil en el que había grabado en video a otras niñas cuando estaban online, de modo que había pruebas".
Fuente: BBC Mundo


Hasta que punto es legal esto de los shows por cams en argentina?
ResponderBorrarSalutes,
AnonimoK
Hola
ResponderBorrarSi son mayores de edad y lo hacen por decision propia, creo q no constituiria ningun delito hacerlo.
Cristian