18 dic. 2013

El desconocido planeta Deep Web (distintos puntos de vista)

Por Lucas Cremades

Por debajo de la red que todos conocemos gracias a cualquier navegador se esconde un mundo de usuarios anónimos. Allí se trafican drogas y armas, circulan imágenes y videos de pedofilia y asesinatos. Pero también es utilizada para denuncias y resistencia política. ¿El paraíso de los criminales o la última oportunidad para la opinión libre?

El ciberespacio puede ser un mundo oculto, oscuro y gélido, integrado por millones de personas reales –con pies sobre la tierra y manos sobre una computadora– que habitan la web profunda, más conocida como Deep Web. Navegar en ella es como naufragar sobre un mar anónimo e invisible. No hay registros de la travesía. Tampoco indicios de arribos ni de salidas.

Para encontrar una puerta de ingreso a este universo hay que situarse en los distintos servicios que la tecnología ofrece para poder blindar lo que se considera información valiosa ante casos de espionaje. Como los 58.000 documentos filtrados por el ex técnico de la CIA y ex analista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA por sus siglas en inglés) de los Estados Unidos, Edward Snowden, que en junio pasado reveló un masivo plan de espionaje a nivel mundial: documentos confidenciales demostraban que la NSA había vigilado conversaciones de millones de personas a través de Internet y de celulares, lo que destapó una nueva Guerra Fría, ahora en el ciberespacio.
Tal vez buscando evitar estas revelaciones de los “topos”, el Laboratorio de Investigación Naval de EE.UU. creó en 2004 el sistema TOR, The Onion Router (“el router cebolla”), un sistema de anonimato que abrió un enorme orificio de entrada a este gigantesco e interminable territorio virtual.

En su libro The Deep Dark Web, el ciberespecialista italiano Pierluigi Paganini se adentra en los hallazgos y las infiltraciones en sitios inaccesibles, dando cuenta de los misterios que pueden encriptarse en la web profunda. “Tor es un sistema implementado para permitir el anonimato en línea”, explica Pierluigi desde su país natal. “El software direcciona el tráfico de Internet a través de una red de voluntarios en todo el mundo y de distintos servidores que ocultan la información del usuario, eludiendo cualquier actividad de monitoreo. La actividad del usuario dentro de la red Tor es difícil de rastrear porque los datos se cifran varias veces: pasan a través de nodos, repetidores Tor y de la red”, agrega el especialista.

Contenido completo en fuente original Revista Veintitres

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