Ran Yahalom, investigador de la Universidad de Ben-Gurion, publicó el año pasado un artículo con la ayuda de el Dr. Nir Nissim, jefe del laboratorio de malware del Centro de Investigación de Seguridad Cibernética en la Universidad Ben-Gurión, y Yuval Elovici, jefe del Centro de Investigación de Seguridad Cibernética de BGU (CSRC). En dicho artículo se exponen 29 nuevos tipos de ataques USB que pueden poner en riesgo desde nuestro smartphone hasta nuestro portátil.
De entre los ataques se destacan aquellos conocidos como 'triviales', los cuales suelen ser los más comunes al estár cargados en la placa de los dispositivos que ofrecen los USB para su uso público. Estos infectan los puertos esparciendo el malware de forma rápida hacia los dispositivos, y muchas veces buscan tomar el control de smartphones.
Existen también aquellos puertos cargados con microcontroladores, los cuales suplantan la identidad del USB para que, por ejemplo, un micrófono, teclado o ratón, se hagan pasar por un cargador. Este método sirve para espiar a los usuarios mientras usan el puerto USB, ya que pueden recibir toda la información que pasa por el dispositivo mientras simula que se está cargando.
Pero los tipos de ataque más complejos y destructivos son aquellos capaces de reprogramar el firmware del dispositivo, ya sea actualizándolo y haciéndose pasar por un proceso legitimo. O bien, creando un nuevo protocolo invisible para el usuario, el cual no muestra ningún cambio a la vista, ya que todo se ejecuta en segundo plano.
Por último, están los ataques eléctricos, que son los menos frecuentes pero también son de los más destructivos. Estos casi siempre son dirigidos a personas especificas y consisten en 'freír' el dispositivo a través de una descarga eléctrica.
Pero ojo, no sólo se trata de puertos USB públicos, ya que esto también afecta USB en coches, casi siempre de alquiler, en hoteles y sobre todo en cargadores y baterías externas que se suelen prestar en restaurantes y otros lugares públicos en diversas regiones del mundo.
Para Yahalom, la recomendación es usar la tecnología como algo en lo que podemos desconfiar de forma natural. Imaginar que se trata, por ejemplo, de una jeringa que nos encontramos en la calle. Todo sabemos que nadie sería capaz de usarla en nuestro cuerpo porque no sabemos de dónde proviene y podría estar infectada, es decir, al no saber qué sucedería tenemos miedo porque podría ser peligroso. Pues este tipo de razonamiento aplica de igual forma a los puertos o dispositivos USB que no son nuestros.
- Usemos siempre nuestro propio cargador y cable en enchufes eléctricos.
- Nunca usemos puertos USB desconocidos o públicos para cargar nuestros dispositivos.
- Nunca confiemos en la redes WiFi públicas, sobre todo las de los aeropuertos. Y De ser posible siempre usar 3G o 4G.
Fuente: Xataka
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