La Justicia interrogó a Paolo Gabriele, el mayordomo de Benedicto XVI,
acusado de haber entregado los documentos reservados a la prensa. El
detenido era el asistente personal del Papa, e integraba la "familia
pontificia". L'Osservatore Romano habla de los "lobos" que rodean al
Pontífice y especula sobre su renuncia.
CIUDAD DEL VATICANO/ROMA.- Los tradicionalmente sólidos cimientos del
Vaticano están siendo sacudidos hasta su estructura íntima por el
escándalo de filtraciones de documentación secreta que debía estar en
único poder del papa Benedicto XVI.
El Vatileaks, como lo llamó la propia Santa Sede a las
indiscreciones que llegaron a la prensa en los últimos meses, y que han
motivado incluso un libro, está lejos de agotarse aunque se haya
detenido a quien fue oficialmente identificado como el principal
responsable del robo y difusión de los papeles: nada más y nada menos
que el mayordomo privado del Papa, Paolo Gabriele, una de las
pocas personas con acceso al dormitorio del pontífice y que manejaba un
llavero con el que podía abrir todas las cerraduras (ver "El
hombre...").
El Vaticano confirmó ayer que ha presentado una denuncia formal
contra Gabriele, como sospechoso de filtrar a la prensa los documentos
reservados de la Santa Sede. El caso está a cargo del juez de
instrucción local, Piero Antonio Bonnet, dijo ayer el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi,
quien señaló que permanecerá en prisión preventiva. Como el empleado
vive en el Vaticano con su familia, es la Justicia del Estado pontificio
la encargada de juzgarlo.
A partir de este reconocimiento, se multiplicaron las imágenes
del empleado detenido con el Papa, a quien acompañó en múltiples viajes,
actividades y recorridos (en el Papamóvil, sirviéndole bebida en una
comida o sosteniéndole un paraguas, entre otras escenas), con lo que
demuestra su cercanía.
El sitio español en Internet, Religión Digital, describió sus
funciones cotidianas. "Como era uno de los pocos laicos con acceso a las
habitaciones donde duerme y trabaja Joseph Ratzinger, era
considerado un privilegiado. Y con razón. Estaba todo el día cerca del
pontífice, de los archivos y del mismo escritorio del Papa. Comenzaba
muy temprano, a las seis, cuando como su camarero ayudaba al anciano
Benedicto XVI a vestirse y lo acompañaba hasta la capilla papal donde
celebra la misa ante la "familia pontificia" (una institución oficial) y
algunos elegidos, siempre con la misma cara casi inexpresiva, de
servidor devoto", detalló.
En esa publicación, se afirmó que el fiscal vaticano, Nicolas Picardi,
interrogó largamente a un Gabriele que lucía abatido y se justificaba
por lo actuado. En su departamento, allanado por la Gendarmería, se
encontraron algunos documentos oficiales robados, lo que complicó aún
más su situación. Sin embargo, la prensa italiana se pregunta si se
trata sólo de un "chivo expiatorio".
Garantías
Las investigaciones llevarán su tiempo, advirtió Lombardi, porque además del Vatileaks
hay otras cuestiones que deben ser analizadas, aunque no dio más
detalles. El vocero aseveró que Gabriele recibirá todas las garantías
que otorga la Justicia y el Código Penal local. "El acusado ha nombrado
dos abogados de su confianza y ha tenido oportunidad de reunirse con
ellos", explicó.
Las publicaciones periodísticas de cartas personales,
documentos, notas y demás escritos abarca un amplio conjunto de
cuestiones delicadas para la Iglesia (ver "Temas sensibles"), desde
denuncias de prácticas sexuales del ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi o del sacerdote mexicano Marcial Maciel (creador de los Legionarios de Cristo) hasta casos de corrupción interna.
Los medios italianos atribuyeron la obtención de los papeles a
una lucha de poder en el seno de la curia. El propio diario del
Vaticano, L'Osservatore Romano, describió a Benedicto XVI como un
anciano de 85 años, solo y enfermo. "(Es) un pastor rodeado por lobos",
escribió, al referirse a una facción del clero que lo acecha, y hasta
se abrieron especulaciones sobre un paso al costado del Papa, con su
renuncia al cargo.
La Santa Sede se enfrenta también al libro "Su Santidad. Las
cartas secretas de Benedicto XVI", del periodista italiano especializado
en corrupción en el Vaticano, Gianluigi Nuzzi, quien
aseguró que sus fuentes informativas actúan por convicción y que ni él ni el editor les dio dinero a cambio de información.
Hace un mes, Benedicto XVI creó una comisión formada por tres cardenales (Julián Herranz, Josef Tomko y Salvatore De Giorgi)
para investigar la fuga de papeles. En el ámbito de la Curia Romana, se
mencionaba como "cuervos" a los responsables de la filtración.
Fuente: La Gaceta
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