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21 ago 2011

Romper la criptografía haciendo trampas

Los criptoanalistas rara vez admiten que necesitan ayuda. Hay una feroz independencia innata que caracteriza el negocio. Sin embargo, no siempre tienen éxito a través del criptoanálisis clásico. Se sabe que han llegado a hacer trampas. Y no son siempre honestos sobre esto a veces incluso mienten acerca de sus trampas.

El párrafo anterior es la traducción literal del inicio de un articulo desclasificado, titulado “The Sting - Enabling Codebreaking in the Twentieth Century” publicado originalmente en Cryptologic Quaterly una revista interna de la NSA.

Cuando se habla de seguridad de comunicaciones uno piensa automáticamente en criptografía y si se trata de romper esta criptografía vienen a la mente los dos ataques básicos, la fuerza bruta y el criptoanalis. El primero consiste en la comprobación exhaustiva de todas las posibles claves mediante el uso de la potencia pura de computación, mientras que el segundo supone la búsqueda de debilidades en los algoritmos criptográficos, o en la forman en la que se implementan, que permitan finalmente descifrar el contenido de las comunicaciones.

Sin embargo y tal como advertía el artículo de Cryptologic Quarterly no siempre es posible utilizar algunas de estas vías, puede darse el caso de un algoritmo del que no se conozcan debilidades y que implementado correctamente no puede ser atacado mediante criptoanálisis. Y aunque siempre queda la fuerza bruta en muchas ocasiones el recorrer el espacio de claves posibles se mide en cientos o en miles de años, y no es extraño el caso en la que la resistencia de un algoritmo se considera tal que el tiempo requerido para su cracking supera al tiempo que los astrofísicos suponen que le queda de vida a nuestro universo, al menos usando los ordenadores actuales.

Por tanto hay ocasiones en las que aquellos que deben romper la criptografía deben hacer trampas. Muchas veces esas trampas, a las que se refiere el artículo de la NSA consisten en obtener atajos para descifrar las comunicaciones, con artimañas poco honorables como robar, extorsionar o sobornar. La típica operación de servicio de inteligencia que recluta al encargado de cifra empleado en la sala de comunicaciones de la embajada de turno, para que directamente proporcione las claves utilizadas. Aunque otra opción es capturar un equipo de cifrado del enemigo o material de clave, aunque sea anticuado, para acelerar el proceso de criptoanálisis clásico.

No obstante existe otra forma bastante más elegante de hacer trampas, y consiste en usar argucias para que el enemigo deje voluntariamente de usar la criptografía y pase a comunicarse en texto plano o en claro. ¿Misión imposible?

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