Dentro de las buenas prácticas de networking
para los sistemas de control industrial, un tema importante es la
segregación de las redes del sistema de control, y en concreto la LAN
del centro de control, de la red empresarial. Ya hemos explicado en alguna que otra
ocasión que en la actualidad resulta común que desde la red empresarial
se requiera acceso a datos del sistema de control. Por resumir, existen
dos razones fundamentales: optimizar el proceso productivo y
posibilitar la monitorización del estado de la planta desde cualquier
lugar.
Desde un punto de vista conceptual, existen distintas
arquitecturas posibles a la hora de realizar la segregación entre la
LAN del centro de control y la red corporativa. No obstante, podríamos
agruparlas en tres: conexión directa entre ambas, separación en dos
zonas con distinto nivel de seguridad, y uso de tres o más zonas con
distinto nivel de seguridad. Este último caso es el que contempla la
arquitectura basada en zonas desmilitarizadas
(DMZs). En una segregación de la LAN del centro de control y la red
empresarial, las DMZ se utilizarían para instalar aquellos servicios
que requieran comunicación con otros elementos del sistema de control y
que además deben ser accesibles desde la red corporativa.
De
las tres arquitecturas generales anteriores, está claro que la primera
debería descartarse; es un grave fallo de seguridad conectar
directamente estas dos redes, fundamentalmente porque cada una responde
a un nivel de seguridad diferente. En la red corporativa están, entre
otros, los PC de los usuarios, bastante propensos a infectarse con
algún tipo de malware (uso de llaves USB personales, visita
de sitios web maliciosos, etc.).
Por otro lado, en la LAN del centro de
control se puede estar monitorizando el estado de un sistema de
generación eléctrica. Parece obvio por tanto, que se debería instalar
un sistema de filtrado en las comunicaciones entre ambas redes.
Dentro
de la modalidad de segregación en dos zonas de distinto nivel de
seguridad, resulta habitual encontrarse con un PC con dos tarjetas de
red haciendo de puente entre las dos redes. En muchos casos este PC ni
siquiera aplica reglas de filtrado, por lo que estaríamos hablando de
nuevo del primer caso. No obstante, aun si se configura un software cortafuegos (por ejemplo Iptables),
ésta no es la mejor solución. El propio PC-puente podría llegar a ser
una amenaza si no está férreamente bastionado. Un atacante o un gusano
podrían aprovecharse de una mala configuración de Netbios
(en máquinas Windows), o cualquier otro servicio vulnerable que esté
ejecutándose y sea accesible desde la red empresarial. Lo mejor en
estos casos es hacer uso de un equipo específicamente diseñado para
hacer las funciones de cortafuegos. No obstante, esta modalidad de
segregación adolece de que no existe una localización óptima para los
equipos que necesitan comunicación desde/hacia la red corporativa y
desde/hacia la red de control (Ej. Histórico). Estos pueden ser
comprometidos en caso de residir en la red de control (Ej. aprovechando
una comunicación SQL o HTTP permitida en el cortafuegos), o suplantados
si residen en la red empresarial, y obtener provecho de la regla de
cortafuegos que permite que se comuniquen con el resto de elementos
SCADA de la LAN del centro de control.
Una variación interesante de la modalidad anterior incluye el uso de un router con ACLs entre el cortafuegos y la red corporativa, y que el cortafuegos sea especialista en hacer de proxy
de aplicación. Esta tecnología de cortafuegos hace uso extensivo de la
capacidad de cálculo del dispositivo, por lo que es necesario incluir
una primera barrera que filtre a nivel de red y de transporte, dejando
al cortafuegos la tarea de inspeccionar a nivel de aplicación
únicamente un subconjunto de los paquetes. Esto permite que ante
ataques de DoS por inundación, el router elimine la mayor
cantidad de tráfico no legítimo, evitando así que una carga excesiva en
el cortafuegos de nivel de aplicación cause impacto en el rendimiento
de la red.
Probablemente, la mejor modalidad de segregación
de la red corporativa y el sistema de control, es la que se basa en la
creación de DMZs y en el uso de un solo cortafuegos con las interfaces
de red necesarias (= 2 + N | N = Número de DMZs). Cada DMZ alojaría
equipos con distinto nivel de seguridad y/o de requisitos de
comunicación y/o funcionalidades (Ej. históricos, puntos de acceso
inalámbricos, servidores de actualizaciones/parcheo, servidores de
autenticación, etc.). Estas redes desmilitarizadas, permiten eliminar
las comunicaciones directas entre la red corporativa y la de control.
Eso sí, se requiere realizar un bastionado adecuado de los equipos que
residirán en las DMZs, para evitar que sean comprometidos y sirvan de
plataforma para lanzar un ataque hacia la LAN del centro de control. Si
además del bastionado cumplimos con la buena práctica de que sólo se
permita iniciar las comunicaciones desde la LAN del centro de control
hacia las DMZ, y no a la inversa, dispondremos de una arquitectura
bastante segura. Al igual que en el caso anterior, es posible la
variación de incluir un router delante del cortafuegos, así
como la tecnología de cortafuegos de aplicación. Cabe también la
posibilidad de una nueva variante, la de utilizar dos cortafuegos (a
ser posible de diferente fabricante) en lugar de uno solo. Esta
variante, permite igualmente disponer de distintas DMZ pero además
tiene dos claras ventajas: ofrece flexibilidad administrativa y una
segunda barrera de protección. La flexibilidad administrativa se
traduce en que el cortafuegos conectado con la red empresarial puede
ser administrado por el personal de sistemas de la organización,
mientras que el cortafuegos que limita con la LAN del centro de control
lo operarían los ingenieros de planta. Es decir, cada uno se lo
configura a su gusto.
La tendencia actual parece que
considera que no solo hay que gestionar el riesgo de ataques desde la
red corporativa hacia la red de control, sino también a la inversa. Por
ello, la modalidad favorecida es la de doble cortafuegos, con dos zonas
desmilitarizadas (una para los elementos del sistema de control que
deben ser accesibles desde la red corporativa, y otra para los
servicios corporativos que han de ser accesibles desde el sistema de
control). Como ya hemos dicho, esta modalidad permite la administración
independiente, una característica deseable en estos entornos ya que es
difícil poner de acuerdo a los administradores de la red de control
(normalmente ingenieros de planta) y a los de la red corporativa
(personal del departamento de sistemas de la organización).
A
lo largo de este post se han mencionado las ventajas y problemas desde
un punto de vista de seguridad. No obstante, no hay que olvidar otros
aspectos como el coste administrativo, la complejidad de operación, y
el coste económico de cada modalidad de segregación. Sin entrar en
detalles, parece claro que la arquitectura basada en DMZ con doble
cortafuegos, haciendo uso de un router frontal y con
tecnología de proxy de aplicación, es sin duda la arquitectura más
cara, compleja, y administrativamente costosa de todas. Es por ello
importante, saber encontrar un equilibrio para cada organización,
teniendo en cuenta sus recursos, los riesgos y la capacidad técnica de
sus empleados, así como la madurez de dicha organización en cuanto a
prácticas de seguridad.
Autor: Elyoenai Egozcue
Fuente: S21sec labs
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por dejar un comentario en Segu-Info.
Gracias por comentar!