Gmail y Live Mail, un poco más seguros
Gmail se ha convertido en mi única herramienta de correo electrónico para uso personal. Una de las principales razones para esto es que da soporte para encriptación de todo lo que entra y sale de nuestra casilla hacia y desde los servidores de Google.
El correo electrónico es uno de los servicios más inseguros que existen. Aunque es posible encriptar los mensajes, y casi cualquier geek que se precie debe poner sí o sí su clave pública al pie de los mensajes que envía, el resto de la humanidad no tiene ni la más remota idea de que sus e-mails son cartas abiertas (o casi) ni mucho menos cómo cerrarlas a cal y canto, si acaso esto es posible. Lo peor llega cuando se compra la notebook y el domingo por la mañana va a desayunar a su confitería de confianza que, por supuesto, tiene Wi-Fi. Allí, sin saberlo, sin siquiera sospecharlo, coloca en el aire, al alcance de cualquiera, sus mails y lo que chatea, entre otras cosas. Para el pirata es como robarle un caramelo a un chico. Más fácil, a decir verdad. Una buena porción del robo de identidad se realiza de esta forma.
No, el mail convencional no viaja encriptado, y cuando lo recibimos o enviamos por un Wi-Fi público, estamos emitiéndolo a los cuatro vientos y sin ningún cifrado. Literalmente.
Contenido completo en La Nación
El correo electrónico es uno de los servicios más inseguros que existen. Aunque es posible encriptar los mensajes, y casi cualquier geek que se precie debe poner sí o sí su clave pública al pie de los mensajes que envía, el resto de la humanidad no tiene ni la más remota idea de que sus e-mails son cartas abiertas (o casi) ni mucho menos cómo cerrarlas a cal y canto, si acaso esto es posible. Lo peor llega cuando se compra la notebook y el domingo por la mañana va a desayunar a su confitería de confianza que, por supuesto, tiene Wi-Fi. Allí, sin saberlo, sin siquiera sospecharlo, coloca en el aire, al alcance de cualquiera, sus mails y lo que chatea, entre otras cosas. Para el pirata es como robarle un caramelo a un chico. Más fácil, a decir verdad. Una buena porción del robo de identidad se realiza de esta forma.
No, el mail convencional no viaja encriptado, y cuando lo recibimos o enviamos por un Wi-Fi público, estamos emitiéndolo a los cuatro vientos y sin ningún cifrado. Literalmente.
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