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20 feb 2009

Una postal del Apocalipsis cibernético

Por Ariel Torres

El lunes hubo un problema. Uno grande. Y no estoy hablando de Facebook.

Poco después de las dos y veinte de la tarde (hora de la Argentina) y durante alrededor de una hora, Internet se volvió loca. En muchos países la inestabilidad la transformó en intransitable y, en otros, simplemente desapareció del radar.

Fue como una postal del Apocalipsis cibernético, un botón de muestra. Y aunque una hora pasa rápido, cuando se ven involucrados dispositivos capaces de realizar miles de millones de operaciones complejas por segundo, sesenta minutos no es poco. Es una eternidad.

Cualquier sistema puede fallar, incluso uno que fue diseñado para soportar un ataque nuclear, como Internet. Hasta el animal más resistente puede sucumbir, y en general lo hace frente a los organismos más insignificantes. Exactamente eso ocurrió el lunes último.

A Internet le dio catarro y tosió durante una hora. Y la culpa no la tuvo un pirata informático, una bomba nuclear o el corte de un cable de datos submarino. Ni el choque de los satélites. La tuvo un router mal configurado en un proveedor de Internet checo, llamado Supronet, que propaló un número anómalo.

El momento del eclipse

Hacia las 14,23 del lunes, hora de la Argentina, uno de los enrutadores de Supronet intercambió una ruta anómala, un simple número mal compuesto, con otro router en otro proveedor. Aunque no sabía qué hacer con esa cosa extravagante que había recibido, el segundo enrutador lo pasó a otro, y así. Muchos routers se colgaron al recibir esta secuencia incomprensible; otros, la siguieron propalando, causando más cuelgues y una suerte de catastrófico efecto dominó.

En cuestión de ocho minutos, la mayor parte de los países, salvo los que estaban lejos del foco de origen (entre otros, la Argentina), se quedaron sin Internet. En el mejor de los casos, la conexión era tan frágil como hielo delgado.

Sólo había hecho falta un operador principiante, un router mal configurado o sin los parches correspondientes o, lo que es más probable, una combinación de todos estos factores, para que esa red global que ya damos por supuesta se cayera a pedazos.

El tema es extremadamente técnico y tiene que ver con la forma en que la información viaja de una computadora a otra en Internet. Casi de forma inevitable, este proceso exige que diferentes proveedores cooperen entre sí intercambiando rutas válidas. Este artículo publicado en el blog Renesys, una empresa que se dedica a analizar el estado de Internet, desglosa con minucia ?aunque en inglés? los acontecimientos del lunes: www.renesys.com/blog/2009/02/the-flap-heard-around-the-worl.shtml . Allí puede verse incluso un mapa de situación antes y después del soponcio. Un mapa que corta el aliento, debo decir.

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