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10 jul. 2017

Blockchain: Una "tecnología política" que crece al margen del mercado

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Blockchain nació con las criptomonedas, pero excede el mundo financiero y ya es utilizada por gobiernos para realizar ayuda humanitaria o proteger documentos públicos.

Hay un dato más deprimente que enterarse de cuánto valdrían nuestros ahorros hoy si los hubiéramos colocado en acciones de Amazon hace diez años: hacer la misma cuenta con las monedas virtuales. La más popular de ellas, el bitcoin, pasó de cotizar un dólar o menos cuando la creó Satoshi Nakamoto, en 2008, y este año llegó a superar los US$ 3000 por unidad (más que el oro, por primera vez), para luego tropezar y retroceder hasta US$ 2500 (esta semana cotizó por encima de los 2600).

Un derrumbe similar experimentaron sus monedas competidoras, como ethereum, y la volatilidad extrema llevó a analistas financieros a hablar del "fin del una burbuja", a gobiernos (como el de Inglaterra) a prevenir a ahorristas sobre los riesgos de invertir en estas opciones y a diversos medios a advertir que las monedas virtuales y su tecnología de base (la red descentralizada blockchain) están sobrevaluadas. La consultora Gartner, que elabora su famoso "Hype Cycle" ("ciclo de exageración") colocó a blockchain en el punto máximo de euforia, tras lo cual sobreviene el "valle de la decepción".

Blockchain es una red global descentralizada, similar a un libro contable abierto, en donde se asientan todas las transacciones de bitcoins del mundo, pero los activos que se pueden certificar allí exceden a esta moneda virtual: pueden ser bienes, servicios, contratos legales y hasta personas que se asocian a un "bloque" de código que luego se encadena con otros (de ahí su nombre). Es una de las tecnologías exponenciales que genera más entusiasmo y sus partidarios no se intimidan con las fluctuaciones de las criptomonedas, a las que consideran aprendizajes propios de una etapa temprana de desarrollo.

Cuando comenté en Twitter la semana pasada la andanada de notas y comentarios críticos que aparecieron en medios de Europa y Estados Unidos sobre este tema, emprendedores como Santiago Siri (que colabora con un proyecto de blockchain con el BID) e Ignacio Puig Moreno (de Acamica) opinaron que las visiones negativas partían de puntos de vista que no terminan de entender el fenómeno en toda su complejidad. Y que más allá de la discusión sobre si hay burbuja o no con las criptomonedas, la tecnología subyacente abarca un abanico de aplicaciones que excede al campo financiero.

De hecho, blockchain tiene un motor extra al margen del mercado: se está convirtiendo en una "tecnología política" que los gobiernos comienzan a ver con un creciente interés para un sinfín de soluciones, desde la titularización de tierras y propiedades hasta la ayuda humanitaria, pasando por la protección de documentos públicos.

Entre sus promotores más activos hoy están los gobiernos de las ex repúblicas soviéticas (Estonia, Georgia y Rusia) y algunos países petroleros. Y los organismos internacionales, como el BID, el Banco Mundial o las Naciones Unidas, que dos semanas atrás envió el 100% de la ayuda humanitaria a refugiados sirios en los campos de Jordania a través de la criptomoneda ethereum. La moneda virtual se saltea los intermediarios (elimina costos y corrupción) y llega mediante cupones (de comida, medicina) directamente a los más necesitados, que validan su identidad con una tecnología de escaneo de los ojos.

El terreno de la ayuda humanitaria es uno de los campos donde blockchain dejó de ser una promesa o una burbuja para transformarse en una herramienta de suma practicidad y en pleno crecimiento. A los países y organismos internacionales se le suma un ecosistema de startups y emprendedores sociales (como AID:tech o Disberse) que promueven e incentivan las donaciones "directas", sin costos de intermediación. Ban Ki-moon, ex secretario general de la ONU, estimó en su momento que un 30% de la ayuda humanitaria se pierde en el camino hasta los destinatarios finales por costos de intermediación financiera, administrativos y de corrupción.

"Blockchain no es principalmente una herramienta financiera, como se cree. Es una tecnología política y su campo de aplicación natural es el de los países en vías de desarrollo, como la Argentina", dice el científico de datos Marcelo Rinesi. "El principal problema que ataca blockchain es la falta de confianza en un tercero, lo cual es la raíz del problema de las instituciones, y esto es un campo puramente político", agrega.

Para Rinesi, "hoy hay miles de millones de personas en el mundo que no pueden confiar en el sistema financiero ni en las funciones más básicas del Estado". Y añade: "La confianza tarda décadas en construirse y su escasez tiende a perpetuarse con sistemas de incentivos viciados". El científico de datos explica que los países que están promoviendo su uso lo hacen en buena medida para mejorar su reputación y transparencia, y por ende volverse más atractivos para la inversión extranjera y la recepción de inmigrantes".

Según Gabriel Lanfranchi, director del Programa de Ciudades de Cippec, en un contexto global de inequidad creciente, blockchain puede ser una herramienta muy potente para contribuir a agilizar la cooperación en situaciones de crisis humanitaria, como así también a reducir la informalidad en el mundo, a partir de la simplificación de los mecanismos de registro de bienes y personas.

La efervescencia por este fenómeno es tan intensa que no sólo se pronostica la decadencia de un sinfín de profesiones e instituciones que en la economía de dedican a "proveer confianza" (abogados, contadores, escribanos, auditores, managers de fondos de inversión, bancos, instituciones gubernamentales) sino el final, también, de empresas de la nueva economía, como Uber o Airbnb, porque esta nueva tecnología permite (en teoría) eliminar cualquier tipo de intermediario que se quede con una comisión en el medio de una operación. La confianza surge de un esquema descentralizado, donde todos los "nodos" (usuarios o computadoras) comprueban que cada operación sea válida.

Los usos de esta "tecnología política" parecen infinitos y cada día aparece una nueva startup con una solución para algún problema social. Userfeed, una empresa de Polonia, recaudó semanas atrás US$ 800.000 para un proyecto que se sirve de blockchain para mitigar el problema de las noticias falsas: la red descentralizada con millones de nodos y los incentivos correctos puede servir para rankear noticias con grado de veracidad comprobado. Y así mil ejemplos.


En el extremo utópico, hay quienes aseguran que la red detrás de las monedas virtuales podría usarse como un "salto de rana" con el cual países de ingresos medios y bajos "hackearán" el proceso de construcción institucional que a los países más ricos les llevó décadas o siglos. Aún hay problemas técnicos que solucionar (imaginemos que el gobierno nacional quiere saltearse punteros y clientelismo, usa blockchain para enviar fondos directamente a beneficiarios pobres de Chaco o Formosa, y en el medio un hacker se roba toda la partida), pero se trata de una tecnología que avanza a pasos agigantados. Una rana bien entrenada, atlética, disruptiva y adicta a las novedades tecnológicas.

Fuente: La Nación

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