Todos los antivirus me pertenecen
Por Rubén Recabarren
Una de las habilidades más importantes para un pentester profesional es la capacidad para modificar sus herramientas de tal forma que logren evadir su detección por parte de los sistemas antivirus y otros sistemas de protección de usuario final. Esta habilidad está muy bien desarrollada dentro de los círculos del crimen informático, y por tanto, un servicio de pruebas de penetración que no pueda emular esta capacidad es, en el mejor caso, incompleto por no decir mediocre.
De una forma fundamental, el mecanismo de acción de estos sistemas de protección (antivirus) está destinado a "fallar". Esta sentencia catastrófica se debe a que de una u otra forma, su funcionamiento está basado en el reconocimiento de "firmas" o patrones de uso. El gran número de posibilidades que existen para la creación de sistemas, tanto maliciosos o no, hace que la tarea de detectar en un 100% las amenazas sea imposible. Sin embargo, los sistemas antivirus han sido usados por nosotros tradicionalmente por décadas, y a falta de un mejor substituto no dejarán de ser usados.
En esta serie de artículos describo tan sólo una de las formas de cómo se logra modificar un binario inofensivo para contener la capacidad "maliciosa" que normalmente sería detectada por nuestros antivirus. El objetivo de este saga es doble. El principal objetivo consiste en demostrar lo inadecuado que resulta confiar exclusivamente en los sistemas antivirus como única linea de defensa para los sistemas de usuarios finales. Adicionalmente, también busco demostrar lo peligroso que es ejecutar binarios de procedencia dudosa, sin sopesar la cantidad de funcionalidades troyanizadas dentro de él.
Una de las habilidades más importantes para un pentester profesional es la capacidad para modificar sus herramientas de tal forma que logren evadir su detección por parte de los sistemas antivirus y otros sistemas de protección de usuario final. Esta habilidad está muy bien desarrollada dentro de los círculos del crimen informático, y por tanto, un servicio de pruebas de penetración que no pueda emular esta capacidad es, en el mejor caso, incompleto por no decir mediocre.
De una forma fundamental, el mecanismo de acción de estos sistemas de protección (antivirus) está destinado a "fallar". Esta sentencia catastrófica se debe a que de una u otra forma, su funcionamiento está basado en el reconocimiento de "firmas" o patrones de uso. El gran número de posibilidades que existen para la creación de sistemas, tanto maliciosos o no, hace que la tarea de detectar en un 100% las amenazas sea imposible. Sin embargo, los sistemas antivirus han sido usados por nosotros tradicionalmente por décadas, y a falta de un mejor substituto no dejarán de ser usados.
En esta serie de artículos describo tan sólo una de las formas de cómo se logra modificar un binario inofensivo para contener la capacidad "maliciosa" que normalmente sería detectada por nuestros antivirus. El objetivo de este saga es doble. El principal objetivo consiste en demostrar lo inadecuado que resulta confiar exclusivamente en los sistemas antivirus como única linea de defensa para los sistemas de usuarios finales. Adicionalmente, también busco demostrar lo peligroso que es ejecutar binarios de procedencia dudosa, sin sopesar la cantidad de funcionalidades troyanizadas dentro de él.


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