SAFE. Guía para proteger tu vida digital y tu privacidad

8 mar 2011

Facebook, esa red... comercial

Cuando yo era chica, todavía se vendían algunas cosas a domicilio. Cada tanto te tocaba el timbre un vendedor de escobas y repasadores, un representante de filtros para agua, de perfumes de imitación o de suscripciones al círculo de lectores. Los domingos a la mañana eran patrimonio exclusivo de un grupo evangelista ofreciendo una revista sobre religión, aunque de vez en cuando aparecía algún mormón. Y en general, como no eras vos el que había entrado a un negocio a comprar algo, solían ser mucho más insistentes y persuasivos que un vendedor común. Reincidían semanalmente, se pegaban al timbre, no te dejaban cerrar la puerta, o incurrían en discursos penosos que te hacían sentir culpable durante el resto del día por no haberles comprado nada.

Con el tiempo, un poco por la seguridad, y otro poco porque la gente empezó a valorar más la privacidad, la costumbre se fue perdiendo. Hoy es raro que alguien te toque el timbre con un carrito lleno de plantas, porque nadie le abriría a un desconocido y porque la gente, supongo, valora más su privacidad. Sin embargo, el espíritu no se ha perdido y hay otras variante -distantes pero igual de molestas y agresivas- para ofrecer mercadería que nadie pidió comprar. Me refiero, por supuesto, a la gente que vende cosas en Facebook

Desde hace un tiempo, no sé si todo el mundo lo habrá notado, son muchas las personas que tienen emprendimientos pequeños de bijouterie, desayunos, ropa contrabandeada de Miami, tortas de cumpleaños y cupcakes, carteras artesanales y no sé cuántas cosas más, que acosan a sus contactos (y a los que no los son también) etiquetándolos en fotos de sus productos en Facebook. Algunos, los que tienen técnicas más agresivas también envían spam, los agregan en conversaciones, arman aplicaciones o juegos para ganar productos que nadie quiere ganar. Facebook ha dejado de ser una red social y se ha transformado también en una comercial. Se venden cosas, se preguntan precios, se muestra mercadería, se atienden clientes como se hace en cualquier comercio.

Cuando todos los días abro mi perfil, al menos yo, estoy taggeada (o etiquetada, si prefieren) en una foto de macetas pintadas, de un desayuno campestre y en un collar con piedras que ni vi, ni quiero ver, ni me interesa comprar. También me etiqueta gente que quiere ser escritora en sus poemas, me mandan invitaciones a recitales de bandas desconocidas, y me avisan que el grupo de teatro de un ex compañero de la secundaria se presenta todos los sábados en el auditorio de San Isidro. Todos quieren que te transformes en su público o su cliente y creen que la mejor forma de llamar la atención es acosarte por ese medio.

Es una forma distante y segura de invasión. Un gesto inofensivo, pero violento. Porque además de aparecer en fotos de tortas ajenas, uno recibe un aviso cada vez que alguien (que tampoco conocemos) comenta en esas fotos. A veces dos, a veces veinte, a veces ciento cuatro avisos. En general, yo me des-taggeo, ellos me vuelven a taggear, yo me des-taggeo, ellos insisten y así hasta que pierdo la paciencia y pido que no lo hagan más o los bloqueo. En ese momento ellos se ofenden (aman su producto y piensan que es genial, les cuesta entender que a mí me parezca ofensivo) me prometen no volver a hacerlo, pero nunca cumplen. Están convencidos de que su método es legítimo y efectivo. Si la red es para compartir contenidos ¿Por qué no compartir sus ofertas y sus promociones en mi perfil? ¿Qué me molesta quedar etiquetada en sus fotos? ¿No puedo acaso recibir e ignorar los avisos? Me dicen que están trabajando, que no molestan a nadie, que si quiero tengo la libertad de bloquearlos y listo.

Y quizás es verdad que no molestan a nadie. Tan verdad como que los vendedores puerta a puerta tampoco molestaban al pegar dos timbrazos un domingo a la mañana. En su afán por vender, se olvidan, de lo esencial: la libertad de atenderlos o no viene después de que te despertaron, te despabilaron y te hicieron levantar.

 Autor: Carolina Aguirre
Fuente: La Nacion.com



Suscríbete a nuestro Boletín

0 Comments:

Publicar un comentario

Gracias por dejar un comentario en Segu-Info.

Gracias por comentar!