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29 jun 2009

Facebook: abrieron una cuenta a su nombre y los encontró

e pasó a una empleada del Bapro. Alguien robó sus fotos y contactos. La sumó a grupos pornográficos. Amenazó a su nombre y puso en riesgo su trabajo. La dirección de Comunicaciones rastreó la computadora y la ubicó donde trabaja un ex novio de la víctima, en pleno centro platense

Le pasó a una empleada del Bapro. Alguien robó sus fotos y contactos. La sumó a grupos pornográficos. Amenazó a su nombre y puso en riesgo su trabajo. La dirección de Comunicaciones rastreó la computadora y la ubicó donde trabaja un ex novio de la víctima, en pleno centro platense

Gabriela Astorga tiene 35 años, dos hijos de 14 y 15, está a cargo de la proveeduría de la sucursal La Plata del Banco Provincia, y -como a millones de personas en todo el mundo- la tentó la idea de abrir una cuenta en Facebook, sin sospechar que lo que abría era la puerta a una pesadilla. Aquí no se hablará de los riesgos potenciales de las redes sociales y otras “yerbas”. Esta es una historia real: alguien le robó su nombre, sus fotos y sus contactos para crear una cuenta paralela desde la que se sumó a grupos pornográficos, buscó pareja, creó intrigas entre sus amigos y hasta amenazó a funcionarios provinciales.

Todo esto derivó en una causa penal que ayer tuvo su remate con el allanamiento a las oficinas donde estaba la computadora desde la que se organizó la maniobra (en pleno centro), procedimiento que ordenó el juez Néstor De Aspro a instancias del fiscal Alejandro Villordo. El hombre que allí trabaja será investigado bajo la ley de Delitos Informáticos. Su identidad se mantendrá por ahora en reserva. Sólo diremos que tiene unos 35 años y hace 4 estuvo ligado sentimentalmente a Astorga, que en todo este tiempo jamás sospechó de él.

Ayer hablamos con ella. Y recordó cómo empezó todo. “Fue el 7 de marzo. Una amiga a la que en el verano habíamos visitado en Ushuahia me llamó para preguntarme por qué le había mandado un email acusándola de haberle robado dinero a uno de mis hijos”. Gabriela imaginó que alguien le había hackeado la cuenta y se olvidó del asunto, hasta que la llamó otra amiga -con la que había ido al teatro-, confundida por su “declaración de amor”. “Haciéndose pasar por mí le escribió que yo no había podido dejar de mirarla, que estaba enamorada de ella, y a otra amiga le contó lo mismo, pidiéndoles que no dijeran nada y tampoco me lo comentaran”, recordó Gabriela. Quien hizo esto lo hizo desde una cuenta de Facebook en la que figuraba su nombre y su foto, además de un álbum con imágenes de las vacaciones en el sur y de aquella salida al teatro, entre otras. Ya alarmada,

Astorga verificó que en su cuenta no había nada raro, la cerró y accedió a la “clonada”, donde advirtió que quien estaba detrás de esto le dedicaba mucho tiempo -“la actualizaba a toda hora”- y la había sumado a varios grupos interesados en una sola cosa: sexo. Ejemplo: “Me gusta el sexo anal”, “Masturbémonos todos juntos”, “Me masturbo, me gusta y qué”, pero además se había incorporado al grupo de empleados del Banco Provincia, de modo que unas 300 personas vinculadas a su trabajo accedían a esos datos falsos.

Es más, creó contactos masculinos que curiosamente no tenían ni un amigo y hacían referencia a fogosos encuentros íntimos. Después de golpear a más de una puerta (ver recuadro), Astorga y la dirección de Comunicaciones consiguieron que Facebook cerrara esa cuenta. Pero el 11 de mayo el obsesivo usuario creó otra. “Lo peor fue cuando me llamó la secretaria de un ministro para preguntarme si era yo la que amenazaba con involucrarla con un funcionario del banco Provincia”, aseguró la joven, que recién ahora puede contar su historia sin llorar. “Nunca tuve miedo de nada, pero con esto sí. Pusieron en riesgo mi familia y mi trabajo. Quiero que esto sirva para que nadie más crea que puede destruir a otro desde el anonimato de una computadora”, concluyó.

La de Delitos Informáticos será la ley del futuro

Lo dijo el especialista que encabezó los peritajes de la causa. La víctima reveló: “Antes no confiaba en la Policía”. La dirección de Comunicaciones investiga 15 casos similares en La Plata. A dónde recurrir

Sin saber qué hacer, ni a dónde recurrir, Gabriela Astorga dio por fin con la UFI 9. Alejandro Villordo se hizo cargo de la denuncia y le dio intervención a la sección Pericias Informáticas de la dirección de Comunicaciones, que fue creada hace unos años y funciona en 8, 46 y 47, a cargo del teniente primero Hernán Ivanovich. “Nunca confié en la Policía, hasta ahora”, dijo la joven, “porque tomaron el caso como si les hubiera pasado a un familiar, trabajaron mucho, rápido y muy bien”. Junto con la DDI La Plata, ayer allanaron el lugar de trabajo del sospechoso, donde secuestraron un equipo informático, un rooter y un módem se informó oficialmente.

El muchacho quedó identificado, en principio, por supresión de identidad, pero más adelante podría imputársele la comisión de otros delitos.
Fuentes judiciales admitieron que el caso “no tiene precedentes”, pero la dirección está investigando otras 15 denuncias similares. Y aunque hay miles que saben de la existencia de cuentas a su nombre que jamás abrieron (sobre todo los famosos), casi nadie recurre a la instancia legal.

El propio Ivanovich admitió que no es sencillo el trato con los representantes que Facebook, o cualquier red social o buscadores, tienen en Argentina. “Se amparan en el argumento de que los servidores están en otros países, pero si lo que está en riesgo es la integridad moral, física o económica de una persona, deben intervenir rápidamente”, explicó, asegurando que la de Delitos informáticos demostró, en poco más de un año de entrar en vigencia, que es “la ley del futuro”. Fue sancionada, precisamente, el 4 de junio de 2008 y vino a llenar un gravísimo vacío legal en un campo que creció (y sigue creciendo) fuera de control.

Fuente: Diario Hoy



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