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31 oct 2007

Sobre el voto electrónico

Existe un punto en el que oficialismo y oposición coinciden: promover el voto electrónico (VE), un sistema para sufragar mediante procesos informáticos que –aunque muy cuestionado– ya funciona en Brasil, India, Venezuela y algunos sitios de Estados Unidos y que podría funcionar en Argentina si el Congreso tratara alguno de los 27 proyectos que recibió desde 2003.

Por Fernando Amdan (*)

Hay dos grandes modelos de voto electrónico: distribuir urnas digitales en lugares públicos de votación, o votar en forma remota desde una PC conectada a Internet. En Argentina la alternativa con más consenso es la de distribución de urnas digitales, en tanto que la segunda opción levanta mayores dudas en cuanto a seguridad.

“No se implementa porque rompe con los aparatajes y los punteros, e iguala a los partidos chicos con los grandes” / María Eugenia Estenssoro, candidata a senadora por la Coalición Cívica

Pero las voces críticas no asoman desde los partidos sino desde las filas de expertos en seguridad informática y de diversas organizaciones sociales. Federico Heinz, presidente de la Fundación Vía Libre, señaló que según “un reporte del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología en Estados Unidos, no se sabe cómo hacer urnas electrónicas seguras porque no se pueden verificar los datos que se escriban”. Según ejemplifica Heinz, las urnas electrónicas usadas en Ohio y otros estados de EE.UU. permiten saber quién votó por quién. Algo similar sucede en Holanda, describe, donde el sistema permite descubrir por quién vota una persona desde varias cuadras de distancia, analizando la radiación electromagnética que emiten.

“Hay mecanismos perversos y otros más eficaces, que son como ir a un cajero automático: apretar un botón y votar” / Federico Pinedo, candidato a diputado del PRO

Hay otros problemas, más caseros, que hacen del e-voto una casi utopía: “En 2005 cuando testeamos el modelo en la ciudad de Buenos Aires, había escuelas que no tenían enchufe para conectar las urnas”, recuerda María Inés Tula, investigadora del CIPPEC especializada en voto electrónico. Mejor no pensar los problemas que podrían surgir en los pueblos del interior.

“Cuanto más rápido se implemente, mejor, para evitar sospechas de fraude como en Córdoba” / Alberto Coto, candidato a diputado por UNA

En un país donde la paranoia política está a la orden del día, las urnas electrónicas no son ajenas a las sospechas de fraude. “El proceso es más oscuro, por eso cambia la fiscalización”, afirma Tula, puesto que la información se almacena y circula en el código de la plataforma utilizada. Muchos proveedores de estos sistemas son renuentes a exhibir este código por temor a que sea replicado, amenazando la médula de su negocio. Sería como difundir la fórmula de la Coca-Cola, suelen ejemplificar los especialistas en software. Además, llegado el caso de que la empresa proveedora “abra” el secreto de su plataforma, quienes están preparados para “leer” este lenguaje son los expertos informáticos, exclusivamente, “mientras que hoy cualquier persona que sepa leer, escribir y contar puede ser fiscal”, agrega Heinz. Todo esto, sin mencionar el delicado equilibrio entre las medidas de seguridad disponibles y los potenciales ataques y manipulaciones por parte de piratas informáticos (o “crackers”).

“Me parece que hay muchos más hackers hoy en las mesas truchas, con los punteros escondiendo boletas” / Federico Pinedo, candidato a diputado del PRO

“El e-voto es parte de una reforma política que abarca mucho más que la forma de votar” / Nicolás Trotta, candidato K a diputado

Tula ejemplifica tales riesgos con el último referéndum venezolano: “Los veedores del Centro Carter afirmaron que el proceso fue limpio pero también indicaron que como la empresa proveedora no abrió el código fuente del sistema para fiscalizar, no pudieron controlar ese proceso”. Y para Heinz, el e-voto es nafta para apagar incendios: “Ya tenemos bastantes problemas con nuestro sistema electoral. Agregarle una caja negra imposible de fiscalizar sólo puede empeorar las cosas.”

(*) Nota publicada en la revista Veintitrés, jueves 25 de octubre de 2007.

Ayer nomás...

  • Cómo es

El jefe de mesa y los fiscales verifican que las urnas estén vacías, que todas las boletas estén accesibles y que no tengan marcas. Firman los sobres que entregarán a los votantes de tal modo que la escritura cruce el cierre del sobre. Luego realizan control visual del documento del votante y lo contrastan con el padrón. A solas, el votante elige la boleta de su preferencia, la dobla, la introduce en el sobre y lo cierra. Luego lo introduce en la urna. El jefe de mesa sella el documento del votante y lo devuelve. El conteo final y el armado de planillas es manual.

  • Cómo sería

En los lugares habilitados de votación se instalarían computadoras comunes, a las que se conectaría un pequeño dispositivo que oficiaría de urna digital. Ese dispositivo contendría la información sobre el padrón electoral y los candidatos. El jefe de mesa y los fiscales deberían controlar que todas las máquinas contuvieran la información completa. El votante debería presentar su documento (en el futuro, podrían usarse máquinas que reconozcan al votante por biometría). A solas, elegiría, anularía su voto o lo emitiría en blanco a través de un teclado. Luego recibiría un comprobante físico del voto, además de su documento sellado. El conteo final y el armado de planillas sería automático.

Fuente: http://famdan.wordpress.com/2007/10/28/como-por-un-tubo/



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