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7 oct 2007

La Gran Muralla china es un estado de ánimo

Investigadores de UC Davis y de la Universidad de New Mexico experimentan haciendo envíos de contenidos a través de la Gran Muralla china (vía Slashdot), el supuesto firewall celosamente dispuesto por las autoridades del país supuestamente para preservar la pureza ideológica, y llegan al mismo tipo de conclusiones a las que llegué yo en mis viajes por allí: la Gran Muralla china, en realidad, es un moderadísimo, casi inexistente y por supuesto completamente ineficiente filtro, y que tanto su existencia como la publicidad que le rodea están más destinadas a crear un estado de ánimo en la población que les lleve a ejercer un cierto nivel de autocensura, que a impedir realmente el acceso a contenidos. Existe, como pude comprobar desde allí, un cierto nivel de filtrado de contenidos de los motores de búsqueda o a través de proxies, que dificulta, no impide, el acceso a ciertos recursos de la red, pero está destinado fundamentalmente a la creación de ese estado mental que contenga el acceso sobre todo de las capas del grueso de la sociedad, dotadas de un menor nivel de conocimientos técnicos. Si tienes mínimas habilidades con el teclado y el ratón en las manos, cualquier contenido puede estar perfectamente al alcance de tu pantalla. El descubrimiento es coherente con la escasa sensación de alarma o falta de libertad que la mayor parte de los ciudadanos chinos que conozco suelen citar, un tema que ha surgido frecuentemente en mis clases a raíz, por ejemplo, de visitas de directivos de Google o Yahoo! en las que los participantes con posturas más radicales en el diálogo eran precisamente los alumnos no procedentes de China.

Los investigadores determinaron que la censura ejercida era moderada y, en momentos normales de tráfico, dejaba pasar en torno a un tercio de las peticiones de palabras de la lista prohibida, aunque su eficiencia se tornaba más errática en momentos de tráfico elevado. La metáfora que sugieren es la del panopticon, un diseño de “cárcel ideal” desarrollado por Jeremy Bentham en 1791 que permitía a los vigilantes de una prisión ver a todos los internos sin que éstos pudiesen saber si estaban siendo vigilados o no.

¿Censura? Ejercida de manera tecnológica o psicológica, la censura es censura, y como tal, igualmente execrable. El gobierno chino no redime sus pecados por ejercer la censura de esta manera en lugar de hacerlo de la otra. Pero sí prueba una cosa: que lejos de intentar pegarse con una problemática técnica que todos reconocemos como indisoluble, han optado por un mecanismo que reconoce las características de Internet y su intrínseca naturaleza de espacio sin barreras.

Fuente: http://www.enriquedans.com/2007/09/la-gran-muralla-china-es-un-estado-de-animo.html



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