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1 nov 2006

Correo Corporativo

¿Qué sucede, justamente, cuando los e-mails, utilizados por los empleados, son corporativos? Teniendo en cuenta, entonces, que este tipo de correos son considerados una herramienta de trabajo, es posible preguntarse, si una empresa que invierte cientos de recursos para incorporar tecnología y ser más eficiente, tiene que permitir que otros aprovechen este recurso, para cuestiones personales, que exceden los intereses de la compañía. Si observamos este punto y nos ubicamos en el sillón de la empresa, deberíamos hacernos otro interrogante: ¿Cómo puede hacer una firma para evitar que sus herramientas de trabajo sean usadas para temas privados? Las respuestas a los dos interrogantes se antoja compleja y, por lo pronto, un tema controversial

El correo electrónico corporativo representa para las empresas una inversión que empapela la dinámica interna y externa, optimiza el trabajo y ofrece a los empleados la posibilidad de mantener una línea de comunicación. Pero también es cierto que dispara un margen de duda sobre la utilización que los trabajadores hacen de este recurso. El menú de operaciones que permite el correo electrónico trae como consecuencia numerosas situaciones que pueden perjudicar el funcionamiento de una empresa y verse, en algún punto, resentida la intimidad de las personas y el derecho a la privacidad.

Para no llegar a ese punto sensible, sería preciso que las empresas reglamentaran y advirtieran a sus empleados, que los correos corporativos u otras herramientas de trabajo deben ser de uso exclusivo y no de uso personal. En otras palabras: deberían implementar un plan claro de advertencia sobre el control del correo electrónico, siempre y cuando esta política no suponga un abuso de autoridad. Sin dudas, este tipo de acciones reduciría los futuros riesgos de las empresas y de los propios trabajadores.

Las firmas invierten mucho dinero en sus estructuras. Así y todo están expuestas a permanentes vulnerabilidades: externas e internas. Y luchan contra eso, poniendo a resguardo sus secretos comerciales. Claro está que no sólo están en el ruedo los aspectos económicos. El abuso de las herramientas tecnológicas puede perjudicar a la firma por la difusión de los datos confidenciales, instalación de virus en sus equipamientos o, simplemente, el deterioro de la imagen. En ese sentido las empresas reclaman una legislación acorde a los tiempos que corren. Es cierto que el correo electrónico es equivalente al postal y que según la Carta Magna, resulta inviolable. Pero también es cierto que los intereses y los riesgos son muy altos para que una sola acción indebida acabe con el trabajo de años.

Fuente: http://www.carranzatorres.com.ar/index.php?option=com_content&task=view&id=78&Itemid=9
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