Prácticamente todas las empresas adquieren, utilizan y almacenan información personal sobre sus clientes, empleados, pacientes, estudiantes y otros individuos. Se confía en que estas empresas gestionen estos datos privados de forma adecuada y tomen todas las precauciones para protegerlos de las pérdidas, accesos no autorizados o robos.
El mal uso, la pérdida o la puesta en peligro de estos datos puede acarrear un alto coste financiero, dañar la reputación de un negocio e incluso llevar a acciones penales, debido a los constantes cambios en la legislación.
Las filtraciones de datos pueden dividirse en 2 grandes grupos
- Accidentales o pérdida de datos: puede ocurrir de distintos modos como, por ejemplo, perder un dispositivo que contenga datos confidenciales, a través del correo electrónico o mediante la divulgación pública involuntaria; sobre todo en redes sociales
- Intencionadas o robo de datos: y ésta a su vez se puede dividir en dos grupos, desde el interior, un empleado roba la información confidencial, o desde el exterior, a través de un ataque de ciberdelincuentes o el robo de un dispositivo que contenga datos, como un ordenador portátil, CD o memoria USB
Si los datos caen en las manos equivocadas las consecuencias pueden ser enormes. En general, se pueden dividir en tres áreas principales, costes financieros, costes sociales/políticos y costes legales.
Contenido completo en Blog de Pablo Tejeira
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